PowerVote

24 de septiembre de 2008

Historia, tendencias y futuro de los sistemas de voto interactivo


El sistema de voto electrónico es un medio de votación que permite, a los participantes de una reunión o de un congreso, contestar a las preguntas en directo, gracias a unos mandos individuales de voto. Los resultados de la votación, integrados en un software de presentación, aparecen instantáneamente en la pantalla en forma de gráfico (histogramas, quesos, etc.).
Los sistemas de voto electrónico han avanzado con la evolución de las tecnologías modernas. Hoy en día, estos sistemas se utilizan a diario, son inalámbricos, por infrarrojos o por radiofrecuencia; los microprocesadores son cada vez más rápidos, poseen una memoria de almacenamiento y resultan cada vez más baratos. Además, se adaptan al número de participantes y son más compactos, comparados con los enormes sistemas empleados hasta los años noventa. Al igual que otras tecnologías informáticas, el primer sistema de votación procede del ejército del aire estadounidense, donde se usó en la formación de reclutas. En el ámbito público, las primeras soluciones aparecieron en las Universidades de Cornell y Stanford. Los profesores querían saber si los sistemas de votación eran eficientes, y si permitían mejorar de manera significativa el aprendizaje de los alumnos. Después, la tecnología se extendió a una comunidad más amplia: la enseñanza superior, la enseñanza secundaria, las empresas y los organizadores de conferencias.
La comercialización de sistemas de voto electrónicos no está dominada por una empresa en particular. Algunas empresas venden hardware y software, otras sólo hardware o sólo software, y otras sólo ofrecen el alquiler del material. Existen varias opciones para la elección de un sistema de voto interactivo y hay que tener en cuenta algunas características importantes. No hay que olvidar el transporte, ni tampoco el tamaño del sistema de voto, cuando por ejemplo un profesor o un empresario utiliza esta solución para hacer una presentación entre dos aulas o dos salas de reunión. En los últimos años hemos asistido a la miniaturización de los mandos, y los receptores tienen actualmente el tamaño de una memoria USB. Los mandos de voto y las funciones del software han mejorado considerablemente.
Podemos constatar que, en el mundo de la informática, la clave del desarrollo es a menudo la normalización, como en el caso de las aplicaciones Mac y Microsoft, que ahora son compatibles. La industria del voto interactivo no está todavía normalizada, es decir que no todos los mandos son compatibles con los programas disponibles en el mercado, aunque su integración en el software de presentación Microsoft PowerPoint es claramente una clave de éxito.
En cierto modo, es una ventaja para los fabricantes y distribuidores de voto interactivo, puesto que al no haber normalización, los compradores han de ser fieles al proveedor.
La competencia de dispositivos personales como los aparatos Iphone, BlackBerry y otros asistentes personales, es cada vez más patente. Estos terminales personales, una vez conectados a Internet, pueden crear mandos de voto virtuales más económicos. Al igual que el mercado de la informática, el mercado del voto electrónico crece rápidamente, y los actores principales de estos sectores anticipan este crecimiento poniendo en marcha políticas de precios competitivos. Si a mediados de los años noventa el alquiler de un mando costaba en EE. UU. alrededor de 20 dólares, en el año 2000 su precio era de entre 15 y 17 dólares, y en 2008 se encuentran ofertas promocionales de alrededor de 5 dólares por mando. ¿Hasta dónde llegará la tendencia? ¿Hasta el mando de usar y tirar?
Tanto el potencial como los límites del desarrollo del voto electrónico están determinados por el desarrollo de Internet y por los compromisos en el respeto del medio ambiente, por la creciente limitación tanto del uso del papel en los quiz, test o sondeos, como de los componentes electrónicos, que son la base de las tecnologías de voto.
Hay una fuerte demanda (véase la llegada de Google con la herramienta Google Apps en el desarrollo de cuestionarios a gran escala), y obliga a los industriales y demás actores del voto interactivo a analizarla correctamente y a crear soluciones cada vez más sencillas, innovadoras y convergentes.